A Irina Tweedi


A Irina Tweedi



Desaparecer..   

Sabiendo que no se trata de eso

Sino de no querer, de no esperar nada

Ni desaparecer, ni nada

¿Que cómo se hace?

No se hace. Ocurre

Como cualquier otra cosa

Como ocurre la flor o la mañana

Al tiempo que no se pierde 

Ni por un instante, la dirección

La atención está fija en una sola cosa: Desaparecer


Pero, ¿Qué es ese abismo de fuego que nos llama

y en el que todo se quema sin acabar nunca de arder..? 


El alma alborotada baila alrededor de la llama

La polilla quiere probar la luz pero no ser flama 

y .. ¿dejar de ser?


Irina desafió a la flama y

Durante pocos pero duros años

Se consumió en el fuego de un anhelo

Imposible, insalvable, invisible y sin fin

Un amor desconocido tan intenso como incomprensible

Un amor impecable que no cedió nunca a ningún reclamo

Lo mismo que el fuego no cede ante nada

Que pueda quemar


Lágrimas a raudales bajo un sol implacable

Ignorada, humillada, sola y herida una y otra y otra vez

Con gran sabiduría. Sin compasión alguna

Aniquilada como mujer y como persona

Se diluyó en llanto hasta disolverse en nada


Polvo a los pies de la flama, brasas de un fuego incesante

Del feroz Amor del Maestro Sufi que aceptó su reto

A lo largo de pocos años se hizo uno con ella y

De ella, no quedó nada. Recipiente vacío, Irina

Se convirtió en portadora del don de los sufíes dorados

El poder de generar en otros –los que se atrevan con ella–

El mismo Anhelo loco, el mismo fuego del Amor inexplicable

Que acabó con ella



«Es la intensidad del anhelo la que hace todo el trabajo»

Kabir