Y MARGARITA PORETE: EN LA QUE TODAS SON Y NINGUNA A LA VEZ

 

Y para terminar voy a atreverme a hablar de una Psique encarnada, del alma de una mujer locamente enamorada del Amor que se encuentra en ella y que, sin poderlo evitar, ya que obedece a una pulsión interna, inequívoca e ineludible, canta loas y alabanzas a Si misma y desde ahí dialoga, riñe, se muestra, se divierte, nos enseña y da testimonio de quién escribe el libro “El Espejo de las Almas Simples”. En el describe, simplemente, como es eso de estar llena de Dios. 


Algunos lamas tibetanos y otros tantos sabios de distintas tradiciones, hablan de la “sabiduría loca” que sería algo así como la salud mental perfecta, la libertad absoluta o el saberse nada, nadie, dios. Muchos de ellos han sido ignorados, sabios anónimos y olvidados pero muchos otros, como bien sabemos, sufrieron azotes, torturas, persecuciones y acabaron crucificados o ardieron en el fuego de la santa inquisición.   

  

«En el corazón de Paris, Place de Grève, el 1 de junio de 1310, la llamas de una hoguera de la inquisición consumieron el cuerpo vivo de una mujer. Se llamaba Margarita y había escrito un libro que quiso defender hasta las últimas consecuencias. En torno al fuego se había congregado una gran multitud que asistía impresionada a la ejecución de la sentencia. Las crónicas de la época recogen ese momento y hablan de la entereza y la nobleza de ánimo de aquella que iba a morir, a la que llamaban “beguina-clériga”». Así empieza el aclarador y bonito prólogo que escribe Blanca Garí. Y más adelante dice: «pero lo más sorprendente es que esa mujer responda, después de un año en prisión y bajo la presión del inmenso aparato de poder religioso y político, con un ostentoso y digno silencio. El alma libre -había escrito en su libro- si no quiere no responde a nadie que no sea de su linaje; un gentil hombre no se dignaría responder a un villano que lo retara o requiriera a batalla; por ello quien reta a un Alma así no la encuentra, sus enemigos no obtienen respuesta.» 


No voy a intentar escribir un poema sobre ella, -sabemos cómo murió pero casi nada de su vida- tampoco a comentar su libro que me parece indescriptible; solo mencionaré algunos de los títulos que da a sus capítulos y que pueden dar una idea de su “locura”. Dialoga con la propia mente, donde todos encontramos a los personajes que ella nombra y a los que les da voz. El alma y sus quejas; la Razón y su terca arrogancia y la razón capaz de comprender, la Iglesia que se pretende única y verdadera y la iglesia capaz de humillarse, aprender y callar. En la mente se esconden toda clase de argumentos que justifican, por ejemplo, no cambiar y seguir siendo, aparentemente, muy buenos. Cualidades humanas como la prudencia, la tolerancia, la paciencia e, incluso el pensar -siempre- en positivo, o cualquier tipo de victimismo, pueden fácilmente convertirse en blindajes muy razonables y convenientes: nos aseguran de que tenemos la razón y la verdad de nuestra parte; lo nos impide ver, sentir y comprender al otro. Margarita se enfrenta y desmonta el cúmulo de falsas creencias que nos mantienen atados a las virtudes. Nos revela sus triquiñuelas y nos enseña desde el Amor que la consume y la inagotable alegría que la alienta, en qué consiste ser un alma pura y «como y porqué a esta alma no le importa ella, su prójimo, ni el propio dios». -Una afirmación evidentemente “loca”, herética y muy peligrosa a los ojos de las autoridades, todas..- Y sigue «Como esta alma es libre y es ajena a la Razón, como la voluntad de estas almas es la voluntad de Amor y porqué. Como el alma noble es libre, ajena a toda sujeción, libre por los cuatro costados. Como se embelesa y dice que no puede hacer nada y de cómo ha alcanzado el conocimiento de esa nada ..y, así, completamente anonadada.. es semejante a la Deidad.» En fin, cosas así.., cosas que convierten sus palabras en la voz de Psique, La mujer o Lo Femenino.., ¿cosas locas..? Cosas que, o bien no sabemos, ni imaginamos, siquiera, pero que a veces nos bailan por la cabeza y que, Margarita, al replicarnos con tanta sencillez como rigor en su precioso libro, nos anima a considerarlas un poquito más en serio; es difícil, pero se puede llegar a ser libre y dichosa; libres de todo sufrimiento y dichosas simplemente por que sí.



Se detiene en las sombras y las dificultades que se han de vencer a lo largo del camino. En el capitulo 54, cuando la Razón, asustada, pregunta: «¿cuántas muertes tiene que morir el alma antes de entender este libro?» Margarita responde describiendo «los siete estados del alma que también llama modos de ser»; el largo y azaroso proceso de ascenso y despojo que ha de vivirse hasta alcanzar la libertad y nobleza de un alma que «solo hace lo que le place y no se reprocha por ese placer. (..) pero esto solo lo puede entender aquel a quien Amor gobierna (..) porque sí, se ha de morir a todas las muertes mortificantes, pues nadie gustará de esta vida sino no ha muerto a todas las muertes.» También, en sus últimos capítulos hace algunas consideraciones al respecto de distintos pasajes bíblicos, por ejemplo cuando habla de la tierra que hubo de trabajar María, la magdalena; la tierra que María labró fue su propio cuerpo.. «le fue necesario hacer muchas obras antes de que las virtudes fueran perfectas en ella. (..) pero cuando se despojó de sí misma y hubo hecho lo que de ella dependía…, en desierto.., Dios hizo el resto.., y eso lo obró cuando María reposaba en Él y no mientras corría tras Él.»

 

En fin, confío que estas breves citas den una idea de la desmesura y excepcional riqueza de este libro (que sin duda conoció e inspiró a Eckhart) pero que, como ella misma dice: «nadie lo cree si no es él mismo eso (..) La verdad del creer reside en ser lo que se cree.»


Imagino que a muchos les puede ocurrir lo que a mí, que el lenguaje católico-eclesiástico les resulte incómodo y confuso; está tan cargado de interpretaciones míticas o infantiles que nos privan de entender la verdad que esas palabras encierran; hay que tener en cuenta que en aquel contexto no existía otra manera de hablar y hacerse entender. Pero, sobretodo, hay que recordar aquello que ya decía Lao Tse: «El Tao que puede expresado no es el verdadero Tao». Sócrates: «Solo sé que no se  nada». Margarita lo dice así: «el que sabe, no sabe nada que se pueda expresar con palabras».


Y tal vez, por eso mismo, más aún que con las palabras de su libro, Margarita Porete da testimonio de su absoluta confianza, de la incuestionable certeza, de la Verdad, que la habita, con su vida y la templanza, el valor con que enfrenta su muerte. Un año en un calabozo medieval.. ¿Os lo imagináis? Con la perspectiva de ser quemada viva ante una multitud curiosa.. Qué cruel e injusta parece la vida cuando nos prueba y confirma de esa manera. Pero ella, como otros, estuvo a la altura y se mantuvo firme y serena, en Silencio. No podía renegar de un libro escrito por ella pero sin ella, «ya que un alma anonadada no tiene en absoluto voluntad.» 


Eckhart, debido al potente animus que lo anima, a su paciente, inteligente, compasivo, generoso y siempre efectivo espíritu masculino, lo resume así: «el calor se entiende sin el fuego y el resplandor sin el sol, pero Dios no se puede conocer sin el alma ni el alma sin Dios; tan uno son». Y Margarita, es un ejemplo, entre muchos otros a lo largo de la historia, de ese “tan uno son” pero, por ser mujer, no se explica de manera digamos, “lógica”, su libro es repetitivo, desordenado, apasionado y salpicado de poemas en los que resume y clarifica desde donde escribe; se podría calificar de subjetivo. No nos convence por su sapienza o erudición, pero nos conmueve la sinceridad, el entusiasmo con que se expresa. Su libro nos sorprende y nos disgusta o nos deleita pero, hagamos lo que hagamos con él, no podemos dejar de sentir, escuchar y apreciar lo que la sabiduría loca de una mujer es capaz de decir y vivir cuando su Alma se desnuda y libre, completamente despojada de todo, -de sí misma, del prójimo y de todo dios- alaba y proclama, comparte a voces el Amor que Es. «La alegría pura y exenta de deseo.., una claridad prístina que nada logra empañar y que se identifica con la bienaventuranza», diría Spinoza.