II.I. PARA MARISA
A Marisa
Un alma esforzada que duda cabe
El alma humana
No sabe lo que quiere pero
Quiere siempre y busca tenaz e infatigable
Busca y se esfuerza sin detenerse nunca
Allá va, solitaria, heroica
Cautiva de la estrella más lejana
Se desplaza por el universo
Lo mismo que una pluma por la almohada
El alma no vuela. No va a ningún sitio
Pero sueña.
Si la Gracia le concede despertarse
Podría venirse abajo y, derrotada,
Sin alas y en la almohada
Encontrarse perdida e indignada
Pero en casa
Despierta, alma esforzada, descansa
Pliega tus alas y déjate caer
Deja que el misterio te sostenga
Deja que el vacío te acune
Déjate yacer en nada y verás..
Que el apego que te previene
De abandonarte a ese azar, la muerte,
No existe. Es solo ese viejo amigo,
El mismo miedo de siempre,
Instintivo e inteligente convierte
En espeluznante lo desconocido
Y nos priva de ver..
.. que se puede morir en vida
Y vivir tranquila
La barrera entre el sueño y la realidad
Es invisible e imposible de explicar la belleza
La dimensión del asombro de abandonar todo esfuerzo y
Encontrarse en casa, entre plumas y
Descansado en paz.