VI. PLEGARIA
Antes de proseguir
Voy a hacer una demanda al cielo
Sé que es un impulso equivocado
Sé que no es correcto ni adecuado
Sé que no sirve para nada
Sé que pierdo el tiempo
Sé demasiado
Quiero olvidar cuanto he aprendido
Y reverdecer. Desprenderme de las hojas amarillas
Que aún retengo. Pesan, aplastan, condenan
No importa si de oro o plomo, bueno o malo,
Verdad o mentira. La historia nos limita y encadena
El pasado es un lastre gratuito e insoportable
Que inteligencia exige: soltar!
Voy a ofrecer mi historia en sacrificio
Arder en esa hoguera el tiempo que requiera
Y con el último destello de ese fuego
Que la chispa que somos en esencia se desprenda
Y como el humo se eleve, se diluya, desaparezca
Aroma invisible en un espacio infinito
Nubecita que se difumina y no deja rastro
Ni siquiera el recuerdo de lo que fue
Y si para dejar de ser no he de saber más nada
Nada será mi refugio en la confianza
De que la recompensa se encuentra en todo
–cuando nada nos impide ver como son realmente las cosas–
Todo cobra sentido y alivio, una alegría serena
Nos anima a perseverar en olvidarlo todo y ser
Solo un enigma. Una pregunta sin respuesta
Un simple: no sé.
Vuelvo a mi demanda
–sabiendo que no debiera–
Desde el otro extremo
Pido al cielo que descienda y me conceda la gracia
De hacerse un lugar en mi vida
Un pedacito de azul en mi cuerpo. Un puntito de luz
En mi frente. En el corazón, una ventana abierta y un
Espejito del cielo en el alma. Un espacio inmenso
Claro y misterioso, inefable!
En el que todo ya se ha hecho y
Nada queda por hacer, saber, desear, poder..
Nada de nada
No me importará si a medida que me abre y se instala
El cuerpo llora, sana, enferma, sangra o muere
No voy a esconder temores o esperanzas
–¿Qué podría esconderle al cielo
cuando es al cielo a quien ruego
que se ocupe de mí?–
Y si por no tener se entiende no tener ni el deseo
Y, por no querer, no querer ni siquiera nada
Dejaré, a mi pesar, que toda voluntad se pierda
Dejaré que el pesar fluya, se derrame y no vuelva
Dejaré de desear. Dejaré de querer, y fiel
A las palabras del Maestro
Dejaré de clamar al cielo y en silencio
En mi corazón, repetiré con él:
“Ruego a Dios que me libre de Dios”