III.VI.II. Con la gracia de los años


A Eric Baret



Si la mirada se posa en el paisaje

El camino desciende y se estrecha

No hay más 

El futuro se transparenta y augura, 

Sin lugar a duda, lo que viene detrás

El pasado se disipa como bruma que se eleva 

Desnuda queda una historia vieja, desgastada e insulsa

Pero, a la luz del atardecer el alma asoma

La mirada se invierte, el mundo se expande 

Y no hay meta, camino o finalidad.


El tiempo, pasado, futuro, no importa

La verdad es ahora y cada instante

Se afila y perfora y mortifica

Un cuerpo cansado que aún resiste

Un no sé nada que aún suspira

Un silencio creciente y a la espera

Sin esperanzas ya


El alma mira a lo alto, el cuerpo a la tierra

Ambas miradas son verdaderas y una,

Siempre ahí, crucificada –con la gracia de los años–

Descubre un silencio que desconocía

Se acomoda y calla. Las pretensiones se disuelven

lentamente, como hielos en agua

La ilusión de ser alguien se evapora y

Una se encuentra absurda, gratuita y de más 


Naturalmente el tiempo se pierde 

Los lapsos se prolongan sin esfuerzo

El presente se expande y la vida discurre lenta, 

Fluye sin esfuerzo a medida que una

Se deja diluir


¿Nada que decir? Tal vez,

Pero, ¿a quién le importa?

No es tiempo de consejos ni de viejos sabios

Las palabras se comprimen en silencios

Las expectativas desfallecen por sí solas

La mente se ralentiza, la memoria se ahueca

El cuerpo se aquieta, se agota y el silencio

A la luz del anochecer, se instala

El alma descansa en la oscuridad 

Y en nada. Una nada tranquila, generosa

Una gratitud sin causa, Una paz gozosa 

En la que se constata: Todo es bien.