VI.II. SILENCIOS EN EL DESIERTO


SILENCIOS EN EL DESIERTO



El clamor cede el paso a un Silencio 

Hondo, brusco e indiscutible que se apodera

De todo y lo congela 


El desierto se crece, extiende sus brazos

Ahueca su enorme pecho y un espacio ilimitado 

Limpio como un espejo se entreabre 

Y lo llena todo 

 

Nostalgia y anhelo se ven cara a cara

Descubiertos, desnudos, los extremos estallan

En un mar de lágrimas que rompe contra las rocas

Y acaba con ellas

El cuerpo tiembla horrorizado

Ante la muerte inminente del soñador



I.


Arenas cálidas, movedizas y voluptuosas 

Me entierran en fosas abiertas

 Trampas hambrientas, bocas ansiosas 

De saborear el dulzor de la agonía

La fragancia de las flores cuando muere el día

El perfume de esperanzas y alegrías 

 Heridas de muerte 

Pero que aún rezuman


En silencio el desierto quema

A la luz del día ardemos como hormigas bajo una lupa 

Por las noches el frío eriza la piel y enciende

Un ardor desesperado, el deseo voraz de volver

A sentir en la piel, la luz y, dentro, el fuego

Un sol incandescente calcinar el alma

Hasta dejarla blanca, libre

Halo de belleza informe, estela de luz

En la oscuridad  


Ardemos como leños viejos o, si estamos verdes 

chisporroteamos y nos hacemos los valientes

Ardemos siempre a regañadientes

Nos defendemos a gritos o imploramos 

A los dioses o a los muertos 

Pero el calor no afloja. Aprieta y apretará 

Hasta alcanzar las entrañas y abrasarlas 

Con ardiente y feroz amor



II.


Silencioso el desierto lima

Pule y transforma picos, aristas y hondonadas

Vendavales y remolinos dispersan los restos 

Suaves como metales bruñidos lo vivimos todo 

Como si recién nacidos


Golpes de suerte o de martillo

Con el tiempo todos los golpes son lo mismo

Todos los vientos hieren, calan y perforan 

 Convierten las montañas en arena, las rocas en polvo

La vida en un desierto y en cenizas

Lo que fuera un corazón

 

Transparentes. Horadadas por los vientos

Conformadas a lo invisible y consumidas

Por el fuego y por la sed.., nos volvemos íntimas

Con el desierto e indistinguibles del espacio

Imperceptibles, etéreas, vacías, silencio..


Estamos en casa como en un desierto y 

En el desierto como en casa

En casa todo es perfecto  

–y esa es la gracia– 

Una lo aprecia, lo agradece y se descansa

 

      Entrañable es el misterio del desierto 

      Peligrosa la hondura del abismo

           En el que no somos nada y, 

     sin embargo,

      No querríamos nunca salir de ahí