II.VIII. Soliloquio
Cuando la soledad nos asfixia
y la nostalgia aniquila el deseo de vivir,
una, en silencio, se pregunta:
¿Amor, dónde estás?
Sin respuesta la vida se apaga
Como se apaga el día y la noche se instala
En esa oscuridad la evidencia se aclara
No es amor quien pregunta
Amor se preguntaría, ¿a quién quiero yo?
En soledad una se confunde facilmente
Yo, sin duda, formula la pregunta
Padece la incertidumbre y reclama, suplica, exige
Amor, en cambio, calla, disfruta
de la fricción y el desasosiego
Se crece en esa fruición
a la vez que se permanece
imperturbable
Entre suspiros de gozo y dolores
infinitos Amor y yo nos perdemos uno al otro
Nos encontramos de vuelta en la agonía de la ausencia
o en los brazos de uno y otro
En el fuego de la dicha nos perdemos uno en otro
y ante esa sola Presencia, en la ausencia de uno u otro,
nos volvemos a encontrar
Amor y yo oscilamos entre el gozo y la pregunta
jugamos a no te encuentro,
-me muero de frío-
a déjame que te aniquile y me consuma en tu fuego
Las demandas de Amor no tienen fin
Yo pregunta sin cesar pero no obtendrá nunca
repuesta porque no hay nadie
Nadie que pueda querer a este yo solito
Y nadie a quien Amor pueda querer
Amor no quiere a nadie porque es todo
Es Solo y solo Es.
Basta que yo cierre la boca
Para que reine el silencio
Y no quede nada que no sea Él